"A la realidad le importa un carajo tu PowerPoint."
Esa frase debería estar enmarcada en la pared de todo CEO que, en los últimos cinco años, se subió a un escenario con láser y humo para anunciar que iba a "liderar la revolución eléctrica". Pues bien: Stellantis — ese conglomerado gigante que controla Jeep, Dodge, Fiat, Chrysler, Peugeot y un montón de marcas que ya manejaste o soñaste con manejar — acaba de reportar la primera pérdida anual de su historia.
No fue una pérdida chiquita de quien se tropezó con la banqueta. Fue un agujero de 22.3 mil millones de euros. Convirtiendo: cerca de 26.3 mil millones de dólares. Para que se den una idea, con eso alcanzaría para comprar al Boca Juniors, al River Plate, al Flamengo y todavía sobraría cambio para armar un equipo de fútbol americano.
El write-down que es, en realidad, una confesión
Dentro de esa pérdida gorda, 25.4 mil millones de euros son write-downs — en buen español, la empresa miró todo lo que invirtió en vehículos eléctricos y dijo: "esto no vale lo que creíamos que valía."
Es como ese tipo que compró Bitcoin a 69 mil dólares en 2021 y ahora tiene que enfrentar el estado de cuenta. Solo que aquí estamos hablando de fábricas, plataformas tecnológicas, líneas de ensamblaje enteras construidas sobre una premisa: el mundo entero va a querer auto eléctrico, y lo va a querer ya.
El CEO Antonio Filosa — que heredó esta bomba de tiempo — fue quirúrgico en el comunicado: "Nuestros resultados de 2025 reflejan el costo de sobreestimar el ritmo de la transición energética."
Traducido del corporativés: "Le creímos a la narrativa, y la narrativa era puro humo."
No es solo Stellantis — es el sector entero retrocediendo
Aquí es donde la historia se pone realmente interesante para quien invierte.
Stellantis no está sola en este mea culpa multimillonario. GM, Ford y Honda — todas ellas — anunciaron deterioros contables monstruosos en los últimos meses, reconociendo que tiraron dinero a un pozo llamado "EV a cualquier costo".
Es el efecto manada corporativo en su estado más puro. ¿Se acuerdan de la película La Gran Apuesta (The Big Short)? ¿Cuando todo el mundo en el mercado inmobiliario estadounidense juraba que los precios solo podían subir? Aquí es la misma dinámica. Los CEOs vieron a Tesla surfeando una ola, los gobiernos repartiendo subsidios como dulces en piñata, y pensaron: "Si no entramos ahora, nos quedamos atrás."
¿El problema? El consumidor no recibió el guion.
El consumidor promedio — ese que paga las cuentas, mantiene a la familia y necesita un auto que funcione sin complicaciones — miró el precio del EV, miró la autonomía real (no la del folleto), miró la infraestructura de carga y dijo: "No, gracias. Dame el híbrido. O mejor, dame el buen y viejo motor a combustión."
Los números que importan para el inversionista
- Pérdida operativa ajustada de 842 millones de euros en 2025 versus una ganancia de 8.65 mil millones en 2024. Eso es una destrucción de valor épica.
- Dividendos suspendidos en 2026. Si eras accionista contando con ese rendimiento, carajo, lo siento.
- Las acciones cayeron más de 31% en el año. Y cayeron otro 0.8% el día del anuncio — el mercado ya había descontado parte del desastre.
- La empresa emitió 5 mil millones de euros en bonos híbridos para reforzar la caja. Traducción: tuvo que endeudarse para sobrevivir a su propia apuesta.
¿El lado "menos peor"? En el segundo semestre de 2025, los ingresos subieron 10% y los envíos en América del Norte mejoraron. La empresa promete flujo de caja industrial positivo en 2027 y reiteró guidance de crecimiento mid-single-digit en ingresos para 2026.
O sea: hay un plan de recuperación. Pero los planes son bonitos en el papel — la ejecución es otra historia.
La lección que nadie quiere escuchar
Nassim Taleb diría que este es el costo clásico de la fragilidad: sistemas que parecen robustos en la bonanza y explotan con el primer viento en contra. Stellantis apostó a una narrativa lineal — "transición energética inevitable y acelerada" — y descubrió que el futuro no es lineal, es caótico.
El mercado de autos eléctricos no murió. Pero la fantasía de que sería una adopción masiva instantánea? Esa sí está en el ataúd.
Y tú, inversionista: la próxima vez que un CEO con sonrisa de comercial de pasta de dientes te prometa una "revolución inevitable", acuérdate de esos 26 mil millones de dólares evaporados.
Quien pagó la cuenta no fue el CEO. Fueron los accionistas.
Siempre lo son.