"Cuando baja la marea, se descubre quién estaba nadando desnudo." — Warren Buffett
Esa frase ya se volvió un cliché en el mundo financiero. Todos la repiten, nadie se la toma en serio. Hasta que la marea baja de verdad.
El Baño de Sangre que los Medios Quieren Esconder
Vamos a los hechos, sin anestesia:
Blue Owl — una de las consentidas del crédito privado — tuvo la peor caída mensual de su historia. Baja de 2.4% en la semana y, en apenas dos meses de 2026, ya se derritió un 29.4%. Léelo de nuevo: casi un tercio de su valor se evaporó en sesenta días.
El índice KBW de bancos regionales se llevó un golpazo de 7.1% en la semana. Desde los máximos del 9 de febrero, la pérdida ya alcanza el 10%. Bancos regionales estadounidenses sangrando otra vez. Qué déjà vu tan delicioso, ¿no?
¿Y los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años? El rendimiento se desplomó 15 puntos base hasta 3.94% — mínimo de cuatro meses. El mercado está gritando: "algo anda muy mal aquí", y los tipos de traje siguen sonriendo frente a las cámaras de Bloomberg.
Mientras tanto, la deuda global alcanzó los US$ 348 billones el año pasado — un aumento de casi US$ 29 billones en doce meses. Trescientos cuarenta y ocho billones de dólares. Lo escribo con todas las letras para que sientas el peso.
La Película que Ya Vimos Antes
¿Recuerdas "The Big Short"? Esa escena en la que Michael Burry llama a la corredora pidiendo rescatar y le dicen: "Ah, el mercado está temporalmente ilíquido"?
Pues sí. Estamos en ese momento.
KKR BDC cayó por el aumento de préstamos problemáticos. El fondo de deuda privada de BlackRock recortó dividendos y se desplomó. El MFIC de Apollo hizo exactamente lo mismo — recortó dividendos y rezó para que nadie se diera cuenta.
Estas no son empresas de garaje. Son los nombres más grandes del private credit global. Los tipos que pasaron la última década convenciendo a inversionistas institucionales — fondos de pensiones, endowments, family offices — de que el crédito privado era el nuevo El Dorado. Retorno alto, volatilidad baja, todo hermoso.
Solo que hay un detalle que el PowerPoint bonito nunca menciona: el crédito privado no tiene precio de mercado diario. La "baja volatilidad" era una ilusión contable. No ves la oscilación porque nadie marca la posición a mercado. Es como tapar el velocímetro del auto y decir que vas despacio.
El Problema Real: La Liquidez es una Promesa, No una Garantía
Doug Noland, el autor original de este análisis — un tipo con 30 años de carrera como bear profesional, que trabajó con Gordon Ringoen y David Tice, formado en economía austriaca en la escuela del legendario Dr. Richebacher — resume la semana con una frase que debería estar tatuada en la frente de todo gestor de fondos: "A veces, simplemente no es líquido."
Y ese es el punto.
La industria del crédito privado creció de forma monstruosa en los últimos años. Dinero que antes iba a títulos públicos o bonos corporativos con liquidez real migró hacia estructuras opacas, con lock-ups largos y valuaciones subjetivas. Cuando todo va bien, parece genial. Cuando se seca la llave, se convierte en una trampa.
Lo que estamos viendo ahora es el inicio de lo que Noland llama "dinámica de crisis ganando momento". No es pánico todavía. Es esa etapa en la que las primeras fichas de dominó empiezan a caer y el mercado queda entre la negación y el miedo.
¿Y Tú, Estás Preparado?
Si tienes exposición a fondos de crédito privado — directa o indirectamente, a través de tu fondo de retiro, fondos multiactivo, vehículos de deuda estructurada — vale la pena revisar con lupa lo que hay dentro de la caja. Pregúntale a tu gestor: ¿cuál es la liquidez real de los activos? ¿Qué porcentaje de préstamos está en estrés? ¿Cuál es el criterio de valuación?
Si la respuesta viene con mucho adorno y poca claridad, corre.
Nassim Taleb diría que estamos ante un caso clásico de fragilidad sistémica disfrazada de sofisticación. Instrumentos complejos, apalancamiento escondido, y una fe ciega en que "esta vez es diferente".
Nunca es diferente. Solo cambia el disfraz.
La pregunta que queda es simple: cuando el próximo fondo grande congele los rescates, ¿quién va a ser el último en descubrir que la puerta de salida era más chica de lo que prometieron?