"Cuando estás en el fondo del pozo, lo peor que puede pasar es que alguien te avise que el pozo es más profundo de lo que pensabas."
Fue exactamente lo que hizo Volkswagen el martes. La mayor automotriz de Europa soltó los números de 2025 y, junto con ellos, un aviso: el año que viene va a ser otro infierno.
Los números que nadie quería ver
Utilidad operativa de 8.900 millones de euros. ¿Parece mucho? Parece. Hasta que recuerdas que el año anterior fueron 19.000 millones. Una caída del 53%. Más de la mitad de las ganancias se evaporó. Puf. Desapareció como promesa de político en año de elecciones.
Y eso que los analistas —esos oráculos de planilla Excel— ya habían calibrado las expectativas a la baja, proyectando 9.400 millones. Volkswagen logró decepcionar hasta el pesimismo del mercado. Eso sí es talento.
¿Los ingresos? Esos quedaron casi estables en 322.000 millones de euros (contra 324.700 millones en 2024). O sea: la empresa vendió prácticamente lo mismo, pero ganó mucho menos con cada auto. El margen operativo se desplomó de 5,9% a un miserable 2,8%. Para los que no manejan la jerga financiera: de cada 100 euros que entraron, quedaron menos de 3 euros de utilidad operativa. Para una empresa del tamaño de Volkswagen, eso equivale a trabajar todo el mes para pagar las cuentas y comprarte un café al final.
La triple maldición: Trump, China y Porsche
Tres fuerzas están aplastando a la gigante de Wolfsburg como si fuera una lata de aluminio.
Primera: los aranceles de Trump. El sector automotriz es obscenamente globalizado. Las piezas cruzan fronteras como turistas en crucero. Cuando EE.UU. mete arancel encima de todo, la cadena de suministros entera empieza a sangrar. Y Volkswagen, con operaciones pesadas en Norteamérica, recibe golpes de todos lados.
Segunda: China. ¿Recuerdas cuando Volkswagen era la reina del mercado chino? Bueno. Las automotrices chinas —BYD a la cabeza— se están comiendo el desayuno, el almuerzo y la cena de los europeos. En el mayor mercado automotriz del mundo, VW pierde territorio cada bendito trimestre. Es como ver a un boxeador que fue campeón por 20 años recibiendo una paliza de un chamaco que acaba de subir del amateur.
Tercera: el "cambio estratégico" en Porsche. Eso en lenguaje corporativo bonito significa "Porsche no está rindiendo como queríamos y estamos gastando una fortuna para reposicionar la marca". Dinero quemándose.
El CFO mantiene la sonrisa (y el coraje)
Arno Antlitz, el tipo que acumula las funciones de COO y CFO —porque en Volkswagen aparentemente nadie tiene descanso— llamó a 2025 "realmente desafiante". El eufemismo del año.
Pero lanzó un dato interesante: Volkswagen logró aumentar ligeramente su participación de mercado en Europa, aun con la competencia china. ¿Y en eléctricos? 27% de market share. Más que en los autos de combustión. Eso no es poca cosa.
Si hay un rayo de luz en toda esta historia, está ahí. La apuesta por los eléctricos en Europa puede ser lo que le salve el pellejo a esta empresa en los próximos años. Puede ser.
¿Y 2026?
La propia empresa proyecta crecimiento de ingresos entre 0% y 3%. Los analistas esperaban más. El margen operativo debería subir a algo entre 4% y 5,5% —mejor que 2025, pero todavía por debajo de lo que era en 2024.
Y está la cuestión de la guerra en Medio Oriente. Antlitz dijo que, por ahora, el impacto es limitado porque tienen contratos a largo plazo para energía. Cubiertos con coberturas, como dicen los financieros. Pero "por ahora" es una expresión que envejece muy mal.
Las acciones subieron 4% el día del balance —el mercado probablemente esperaba algo peor. Pero en el acumulado del año, el papel cae más de 12%.
¿Qué queda de esta historia?
Volkswagen es un retrato perfecto de lo que pasa cuando el mundo cambia y tú tardas en cambiar con él. Los chinos invirtieron fuerte en eléctricos mientras los europeos discutían regulaciones. Trump metió aranceles mientras la industria automotriz dependía de cadenas globales. Y ahora llegó la cuenta.
Warren Buffett suele decir que "solo cuando baja la marea descubres quién estaba nadando desnudo."
La marea bajó. Y Volkswagen está ahí, tratando de encontrar la toalla.
La pregunta que queda es: con un margen de 2,8%, aranceles subiendo y China avanzando, ¿cuánto tiempo una empresa de este tamaño aguanta antes de tener que hacer recortes que realmente duelan? Porque cerrar una fábrica en Alemania no es como cerrar una tiendita —es un terremoto político, social y económico.
No le quiten el ojo. Esta novela está lejos de terminar.