Imagínate la escena: estás en una subasta de arte, lanzas tu oferta con confianza, y entonces el tipo de al lado — que jurabas que no tenía con qué — supera tu oferta con una sonrisa en la cara y encima paga la multa si el negocio no se concreta.
Pues sí. Es exactamente lo que Paramount Skydance acaba de hacerle a Netflix en la pelea por Warner Bros. Discovery.
El Circo Se Prendió Fuego
El jueves, el board de Warner Bros. Discovery soltó la bomba: la oferta más reciente de Paramount Skydance — $31 por acción, todo en cash — fue considerada superior al acuerdo ya firmado con Netflix.
Esto activa un mecanismo contractual que le da a Netflix cuatro días hábiles para modificar su propuesta. Cuatro días. En un deal de más de $80 mil millones de enterprise value. Tick-tock, Sarandos.
Para contextualizar: Netflix había cerrado un acuerdo en diciembre para comprar los negocios de estudio y streaming de WBD por $27.75 por acción, valuando los activos en cerca de $72 mil millones. Un deal monumental. Parecía cosa resuelta.
Pero Paramount, comandada por David Ellison — hijo de Larry Ellison, el de Oracle, o sea, el tipo no necesita vender empanadas para pagar la cuenta —, decidió entrar con una hostile bid y fue subiendo la apuesta como jugador de póker que sabe que tiene las fichas para bancarse el bluff. Solo que no es bluff.
Los Números Que Importan
Mira lo que Paramount puso sobre la mesa:
- $31 por acción, all cash (subió de $30 en la oferta anterior)
- La oferta es por WBD entera — incluyendo los canales de TV paga como CNN, TBS y TNT
- Una breakup fee de $7 mil millones en caso de que el regulador bloquee el deal
- Y además se comprometió a pagar los $2.8 mil millones de multa que WBD le debería a Netflix si abandona aquel acuerdo
¿Leíste bien? Paramount está diciendo: "Yo pago la cuenta de tu divorcio y encima te llevo a cenar." Eso es skin in the game de verdad, como diría Taleb.
El Juego de Ajedrez de Sarandos
La semana pasada, Netflix le dio a WBD un waiver de siete días para reabrir conversaciones con Paramount. Ted Sarandos, co-CEO de Netflix, explicó la decisión con ese tono corporativo bonito: quería dar "claridad y certeza" a los accionistas de WBD, ya que Paramount estaba "inundando la zona con confusión".
Traduciendo de la jerga corporativa al español de la calle: Paramount estaba haciendo tanto ruido directamente con los accionistas que Netflix prefirió poner las cartas sobre la mesa de una vez.
Pero mira el detalle del que nadie está hablando: Sarandos no se comprometió a subir la oferta. En la entrevista con CNBC, esquivó la pregunta como político en audiencia del Congreso.
Y ese mismo jueves, el tipo apareció en la Casa Blanca para una reunión sobre los esfuerzos de adquisición de Netflix. No se reunió con Trump, dicen. Pero seamos honestos — cuando el CEO de la plataforma de streaming más grande del planeta va a Washington en medio de un deal de este tamaño, no es para tomarse un cafecito.
El Board Juega de los Dos Lados
Aquí viene la parte que parece guion de serie (apropiado, dado el contexto): el board de WBD declaró la oferta de Paramount como superior, pero al mismo tiempo sigue recomendando el deal con Netflix. No retiró ni modificó su recomendación original.
Esto es el equivalente corporativo de decir: "Mira, el otro tipo ofreció más, pero nosotros seguimos contigo... por ahora."
En la práctica, es presión pura. Están forzando a Netflix a subir la oferta en los próximos cuatro días o aceptar que perdió.
¿Y Ahora?
La pregunta que vale $80 mil millones: ¿Netflix va a igualar?
Si sube a $32, $33 por acción, la cuenta se pone pesada. El balance de Netflix es fuerte, pero no es infinito. Y cada dólar más por acción significa miles de millones adicionales en el cheque final.
Si no sube, pierde el mayor paquete de activos de media legacy disponible en el mercado — CNN, HBO, Warner Bros. Studios, el catálogo entero.
David Ellison está jugando el juego del Joker: "Si eres bueno en algo, nunca lo hagas gratis." Y él claramente es bueno comprando empresas.
Sarandos tiene cuatro días. El reloj está corriendo.
La verdadera pregunta es: cuando dos multimillonarios pelean por un imperio de medios, ¿los que realmente ganan son los accionistas de WBD — o es solo otra ronda del circo donde el retail se queda con las migajas?