Hay una escena en Breaking Bad en la que Walter White, completamente perdido, sigue cocinando metanfetamina después de haber acumulado más dinero del que podría gastar. ¿Por qué? Porque el plan original había fracasado hace rato, pero nadie tuvo el valor de voltear la mesa.

Spirit Airlines es el Walter White de la aviación comercial estadounidense.

Segunda quiebra en menos de doce meses. Flota recortada. Rutas eliminadas. Empleados despedidos, llamados de vuelta, despedidos de nuevo. Y ahora, la gran solución: se va a convertir en una aerolínea "premium".

Sí. La misma Spirit que te cobraba por el vaso de agua ahora quiere venderte asiento en Business Class.


El Plan: Achicarse para Sobrevivir

El CEO Dave Davis se presentó ante el tribunal de quiebras el martes con un plan digno de un consultor de McKinsey que jamás pagó un boleto de avión de su propio bolsillo.

La idea central es simple: volar menos, volar donde hay dinero, y fingir ser una compañía distinta a lo que siempre fue.

El enfoque pasa a ser los aeropuertos de Fort Lauderdale y Orlando (Florida), Nueva York y Detroit. Los vuelos de martes y miércoles — días con asientos vacíos y pérdidas garantizadas — serán cancelados. Los vuelos transatlánticos y parte de la red hacia América Latina también entran al recorte.

Sobre el papel, tiene lógica. ¿En la práctica? Spirit está intentando ser lo que nunca fue y lo que el mercado jamás le pidió que fuera.


La Falacia del "Premium Barato"

Aquí es donde el plan empieza a oler mal.

Davis anunció que van a expandir el "Spirit First" — la clase ejecutiva de la empresa — y que están considerando agregar una tercera fila del famoso "Big Front Seat." También viene una economía premium y una renovación del programa de lealtad.

Alguien tiene que decir lo obvio: una marca es difícil de destruir, pero Spirit lo logró.

Cuando llevas años siendo el símbolo de la aviación barata-y-mala, no basta con poner un asiento más grande y cobrar más caro. El pasajero que puede pagar prefiere American, Delta o United. El que no puede te elige por el precio. Si el precio sube, también se va.

Es la trampa del punto medio. Y es letal.


Los Números que Nadie Quiere Ver de Frente

La empresa proyecta reducir su deuda de US$ 7,400 millones a US$ 2,100 millones tras esta segunda reestructuración. Los costos anuales de flota caerán un 65% respecto al período previo a la quiebra. Otros US$ 300 millones en recortes operativos están en la mira.

Suena sólido. Pero Nassim Taleb te diría algo que los abogados de Davis Polk no van a decir: la fragilidad no desaparece con recortes de costos. Se esconde detrás de ellos.

El problema de Spirit nunca fue tener costos demasiado altos. Fue tener un modelo de negocio demasiado frágil. El ultra low cost funciona con escala, eficiencia y suficiente reputación para que el pasajero tolere las incomodidades. Spirit perdió escala, eficiencia y reputación al mismo tiempo.

Recortar la flota para quedarse con aviones más viejos — los planes hablan de deshacerse de los Airbus NEO, más modernos y eficientes — es otra paradoja: reduces el costo de arrendamiento en el corto plazo y aumentas los costos de mantenimiento y combustible en el mediano. Truco viejo.


Frontier, Castlelake y el Matrimonio que Nunca Fue

Entre bastidores, Spirit coqueteó con Frontier Airlines y el fondo Castlelake. No llegó a nada.

Pero el abogado Marshall Huebner dejó escapar una frase interesante: que la reestructuración va a "permitirle a Spirit hacer combinaciones." Léase: la venta o fusión sigue sobre la mesa. Solo que ahora Spirit llega a esa negociación más débil, más achicada y con menos poder de negociación.

Es como vender tu departamento después de ya haber perdido el trabajo. Aceptas lo que aparezca.


Qué Tiene Que Ver Esto Contigo

Si eres inversionista — o aspiras a serlo — este caso es un manual en vivo de lo que Taleb llama "ruin risk": el riesgo de ruina total, ese del que no se regresa.

Spirit no quebró por una mala gestión del flujo de caja en un trimestre difícil. Quebró porque construyó un modelo que solo funciona cuando todo está perfecto: demanda alta, combustible barato, competencia débil, operación impecable.

Cuando uno de esos pilares tembló, el resto se cayó junto.

En los mercados, eso tiene nombre: empresa sin antifragilidad. Frágil ante el primer golpe real.

Y hay muchos portafolios por ahí armados exactamente igual — que solo funcionan cuando todo va bien.

Spirit está en el tribunal intentando salir a flote antes de la primavera. Puede que lo logre.

Pero la pregunta que queda es: ¿salir a flote para qué?