¿Se acuerdan de esa escena clásica de El Padrino en la que Michael Corleone manda resolver todos los problemas de la familia de un solo golpe? Bueno, pues. Dollar Tree (DLTR) hizo exactamente eso — pero en vez de mandar a alguien a dormir con los peces, mandó a Family Dollar a la calle.

¿Y el mercado? Reaccionó como si le hubieran extirpado un tumor maligno del cuerpo de la empresa.

Qué pasó, sin tecnicismos

Dollar Tree anunció la venta de su división Family Dollar. Para quien no sigue esta telenovela corporativa, la compra de Family Dollar allá en 2015 fue uno de esos negocios que parecían geniales en el PowerPoint — "sinergia", "escala", "dominancia en el retail de descuento" — y que en la práctica se convirtió en un dolor de cabeza monumental.

Family Dollar era una operación desangrándose. Tiendas mal ubicadas, márgenes comprimidos, ejecución operativa deplorable. Era el tipo de activo que parecía barato al entrar y carísimo a la hora de salir. La clásica "value trap" de la que Benjamin Graham advirtió que existía, pero que los MBAs de Wall Street siempre creen que no les aplica a ellos.

La acción de Dollar Tree se disparó con el anuncio.

Por qué el mercado festejó

Aquí está la lección que vale oro — y que poquísima gente entiende de verdad.

A veces, la mejor adquisición es la que deshaces.

El mercado no estaba valorando a Dollar Tree como una empresa fuerte. La estaba valorando como una empresa fuerte amarrada a un cadáver. Family Dollar era el peso muerto que arrastraba todo hacia abajo: márgenes consolidados peores, complejidad operativa innecesaria, capital siendo destinado a remodelaciones de tiendas que nunca daban un retorno satisfactorio.

Cuando la dirección finalmente tuvo el valor (o la presión del activista Mantle Ridge, seamos honestos) de admitir que el negocio no funcionaba, el mercado respiró aliviado.

Es lo que Nassim Taleb llamaría "vía negativa" — la idea de que a veces mejoras más eliminando lo que es malo que agregando algo nuevo. Restar a Family Dollar generó más valor del que cualquier nueva iniciativa de crecimiento podría haber generado.

El elefante en la habitación

Ahora, antes de salir corriendo a comprar DLTR como si fuera billete de lotería premiado, pongamos los pies en la tierra.

La Dollar Tree "pura" — la de las tiendas de precio fijo — todavía enfrenta desafíos reales. El consumidor estadounidense de bajos ingresos está exprimido. La inflación erosionó su poder adquisitivo. La empresa tuvo que abandonar el modelo histórico de "todo por $1" y migrar a rangos de $1.25, $3, $5. Eso cambia la propuesta de valor.

Además, Shein, Temu y todo el ejército de e-commerce ultra barato chino le están pisando los talones al retail de descuento físico en Estados Unidos. No es un juego.

La pregunta que importa: ¿Dollar Tree sin Family Dollar es un negocio realmente bueno, o simplemente un negocio menos malo?

Hay una diferencia enorme entre ambas cosas.

La lección para el inversionista latinoamericano

Este caso es un espejo perfecto de mucho de lo que pasa por acá. ¿Cuántas empresas cargan divisiones deficitarias por orgullo, por inercia, por miedo a admitir el error? ¿Cuántos conglomerados serían más valiosos si fueran más pequeños?

Que lo digan las empresas que crecieron comprando todo lo que se les atravesó y ahora pagan el precio de la complejidad.

Desinvertir no es debilidad. Es inteligencia.

El mismísimo Warren Buffett — el tipo que dice que su período favorito para mantener una acción es "para siempre" — ya admitió que tardó demasiado en salirse de negocios malos. Dexter Shoes es el ejemplo clásico. Hasta el Oráculo de Omaha cae en esa trampa.

¿Y ahora?

Dollar Tree va a usar los recursos de la venta para enfocarse en la operación central, recomprar acciones y, con suerte, demostrar que la tesis original de la empresa de precio fijo todavía funciona en la América de 2025.

El mercado le dio un voto de confianza. Pero un voto de confianza y $5 te compran un café en Starbucks.

La ejecución es la que va a decir si esto fue el inicio de un giro real — o solo el último suspiro de optimismo antes de que la realidad toque a la puerta.

¿Venderías un pedazo de tu negocio para salvar el resto, o morirías abrazado a él tratando de que todo funcione?