Hay una escena clásica en El Padrino donde Michael Corleone dice: "No es personal. Solo son negocios."
Mentira. Cuando hay miles de millones de dólares en juego y tres imperios corporativos disputan el mismo pedazo de territorio, siempre es personal. Y ahora ese territorio es tu reserva en el restaurante favorito.
Bienvenido a la guerra de las reservas.
El Campo de Batalla
Durante más de una década, el duelo era simple: Resy contra OpenTable. Dos gladiadores, una arena. OpenTable, fundada en 1998, era la vieja guardia — le cobraba a los restaurantes una mensualidad y una tarifa por comensal sentado. Modelo feudal, al estilo "tú trabajas, yo me quedo con una parte".
Resy llegó en 2014 con una propuesta diferente: tarifa fija, sin cobrar por cabeza. Simple. Directo. Y conquistó los restaurantes de moda en Nueva York y otras grandes ciudades. Se ganó el "factor cool" que OpenTable nunca tuvo.
Pero entonces el juego subió de nivel.
American Express compró Resy en 2019. Luego, en 2024, desembolsó otros 400 millones de dólares para adquirir Tock, plataforma enfocada en restaurantes de alta gama. A partir de este verano (en el hemisferio norte), Resy integrará los 5.000 establecimientos de Tock a su portafolio — llegando a unos 25.000 restaurantes.
Parece mucho. Hasta que ves que OpenTable tiene 60.000.
Pero espera. La historia no terminó.
Los Nuevos Bárbaros Llegaron
DoorDash — sí, la del repartidor en bici con la mochila naranja — anunció la compra de SevenRooms por 1.200 millones de dólares. SevenRooms es una plataforma de reservas enfocada en reservas directas desde el sitio web del propio restaurante, sin intermediarios. La lógica de DoorDash es sencilla: si ya pides comida por la app, ¿por qué no reservar la mesa también?
¿Y Uber Eats? Se asoció con OpenTable para integrar reservas directamente en la app de Uber. Ahora puedes pedir el auto, pedir la comida y reservar la mesa. Todo en un solo lugar. El sueño húmedo de los ejecutivos de "super app".
Tres imperios. Una mesa.
El Juego Sucio de las Tarjetas de Crédito
Aquí está el detalle que la mayoría de la gente ignora — y que lo cambia todo.
Los titulares de la tarjeta Platinum de American Express tienen acceso preferencial a reservas en restaurantes muy cotizados, además de 400 dólares en créditos anuales para gastar en restaurantes socios de Resy. El CEO de Resy, Pablo Rivero, le dijo a CNBC que los titulares de tarjeta AmEx con crédito Resy gastan más de un 25% adicional en comidas.
Piénsalo bien: AmEx no compró una plataforma de reservas. Compró un canal para monitorear el comportamiento de consumo de sus clientes más adinerados.
Visa y Chase hicieron lo mismo con OpenTable — reservas exclusivas para clientes premium. Dinero de tarjetas de crédito usado para seducir a restaurantes de renombre y que cambien de plataforma.
Es el circo financiero disfrazado de cena de gala.
¿Quién Paga los Platos Rotos?
Te voy a decir lo que ningún analista de traje va a decir en la televisión abierta:
Toda esta guerra tiene un perdedor silencioso — el restaurante promedio, sin estrella Michelin, sin premio James Beard. ¿Qué pasa cuando las plataformas pelean por los establecimientos premium e ignoran al resto? El dueño del restaurante de barrio queda a merced de tarifas cada vez más altas para "aparecer" en el algoritmo.
OpenTable cobra tarifas variables por comensal sentado dependiendo del establecimiento. DoorDash ya demostró en el sector de delivery que sabe apretar márgenes. La historia se repite.
Y hay más: toda esta dependencia tecnológica le arrebata al restaurante la relación directa con el cliente. Cuando reservas por OpenTable, los datos son de OpenTable. Cuando pides por DoorDash, los datos son de DoorDash. El restaurante entrega al cliente y recibe la factura.
El fundador de Resy, Ben Leventhal — quien hoy dirige Blackbird Labs, programa de lealtad para restaurantes independientes — sabe esto mejor que nadie. No es casualidad que haya creado una alternativa enfocada precisamente en devolverle la relación al restaurante.
La Pregunta que Queda
DoorDash, Uber, AmEx. Tres gigantes con recursos inmensos, todos convencidos de que el futuro de la cena pasa por su propia app.
Pero aquí está la pregunta que deberías hacerte antes de celebrar esta "innovación":
Cuando tres corporaciones multimillonarias compiten por el control de tu experiencia gastronómica, ¿quién está sirviendo a quién?
Porque al final, el menú más caro de todos no está en el restaurante.
Está en los términos y condiciones.