Hay una escena en la película Wag the Dog — ese clásico con Dustin Hoffman y Robert De Niro — donde un presidente fabrica una guerra para desviar la atención de un escándalo doméstico. La película es de 1997. Parece que alguien en Washington no la vio. O la vio y pensó que era un manual de instrucciones.
Trump soltó esta semana que una guerra contra Irán sería "más popular que nunca" con su base MAGA.
Léelo de nuevo. Despacio.
Un presidente de los Estados Unidos — el tipo con el dedo en el botón nuclear y en la palanca de la economía más grande del planeta — está esencialmente sondeando la temperatura popular de un conflicto armado en Medio Oriente como si fuera una encuesta sobre sabores de helado.
¿Y el mercado? El mercado escuchó. Siempre escucha.
El petróleo es el termómetro que no miente
Los futuros del Dow Jones ya empezaron a poner en precio la tensión. Pero el verdadero show está en el precio del petróleo.
Cada vez que alguien en posición de poder abre la boca sobre Irán, el crudo tiene un mini-infarto. Y no es paranoia — es matemática. Irán controla el Estrecho de Ormuz, por donde pasa algo entre 20% y 25% de todo el petróleo transportado por vía marítima en el mundo. Un conflicto real ahí no es un "evento de mercado". Es un terremoto de magnitud 9 en la cadena de suministros global.
Cuando Soleimani fue eliminado en enero de 2020, el petróleo saltó casi 4% en una sesión. Y aquello fue un ataque quirúrgico, no una guerra declarada.
Ahora imagínate el escenario completo.
La base MAGA y la economía real
Aquí es donde la cosa se pone esquizofrénica.
La misma base que Trump dice que apoyaría una guerra es la que más sufre con la gasolina cara. Son los camioneros, los trabajadores rurales, los dueños de pickup truck que recorren 300 millas por semana. ¿Petróleo a $90, $100, $120? Eso no es bullish para nadie que viva en el mundo real.
Es el cuento de siempre: la gente aplaude los fuegos artificiales hasta que se da cuenta de que el cohete cayó en su propio patio.
Y los futuros del Dow Jones lo saben. El mercado de acciones estadounidense tiene una relación de amor y odio con los conflictos militares. En el corto plazo, las empresas de defensa — Lockheed Martin, Raytheon, Northrop Grumman — se disparan. En el mediano plazo, la inflación energética corroe todo: consumo, margen corporativo, poder adquisitivo.
Nassim Taleb llamaría a esto "antifragilidad invertida" — el sistema que parece fuerte se quiebra justamente porque quien toma la decisión no paga la cuenta. Skin in the game cero.
Lo que el inversor latinoamericano debería estar mirando
Carajo, si tienes dinero en empresas petroleras, en compañías ligadas a commodities de energía, o incluso en dólares, esto es relevante para ti. No es una noticia gringa genérica.
Un conflicto Irán-EE.UU. significa:
- Petróleo por las nubes — bueno para las petroleras en el corto plazo, pésimo para la inflación regional
- Dólar fortalecido — flight to safety clásico, las monedas locales sufren
- Tasas de interés globales presionadas — olvídate de recortes de tasas en EE.UU. si la energía explota
- Oro subiendo — el puerto seguro de siempre cuando el mundo decide jugar a la guerra
Los bancos centrales de la región ya tendrían un problema más sobre la mesa. Como si no bastaran los que ya tienen.
La retórica es el arma
Lo más probable — y aquí es donde el inversor necesita mantener la cabeza fría — es que esto se quede en el terreno de la retórica. Trump es un maestro de la provocación calculada. Lanza la bomba verbal, mide la reacción, y ajusta el discurso. Es negociación estilo Art of the Deal, capítulo "presión máxima".
Pero los mercados no operan con "lo más probable". Los mercados operan con distribución de probabilidad. Y cuando la cola del riesgo — el tail risk — incluye un conflicto en el Estrecho de Ormuz, la prima de riesgo sube para todo el mundo.
Como decía el viejo Bruce Kovner: "Yo sé por dónde voy a salir antes de entrar."
¿Tú lo sabes? Porque si Trump sigue con esta escalada verbal y tú estás posicionado sin hedge, sin stop, sin plan B... bueno, ahí el circo se incendia contigo adentro.
Y esta vez, no hay palomitas que consuelen.