¿Se acuerdan de esa escena del Guasón donde quema la montaña de dinero y dice que "no se trata del dinero, se trata de enviar un mensaje"?
Bueno, pues. Solo que en el caso de Nvidia, la montaña de dinero ya ni existe. Desapareció. Se evaporó entre Washington y Pekín. Y el mensaje que está llegando es claro: nadie manda en esta mierda solo.
El Chip Que Nadie Compra
La CFO de Nvidia, Colette Kress, soltó en la call de resultados del miércoles una frase que debería hacer tragar saliva a cualquier accionista:
"Aunque pequeñas cantidades del semiconductor H200 para clientes basados en China fueron aprobadas por el gobierno estadounidense, aún no hemos generado ningún ingreso."
¿Leyeron bien? Ningún. Ingreso. Cero. Nada.
Trump autorizó en diciembre la venta del chip H200, el más avanzado, a China — con la condición de que EE.UU. se quedara con el 25% del valor de las ventas (una especie de "peaje imperial", si lo prefieren). Pero entre aprobación burocrática y venta real existe un abismo llamado escrutinio de seguridad de ambos lados.
China no confía. EE.UU. no confía. Y Nvidia queda ahí en el medio, como ese tipo del meme del sujeto sudando mirando dos botones.
China ya representaba al menos un quinto de los ingresos de data center de Nvidia. Un quinto. De una empresa que factura decenas de miles de millones por trimestre en ese segmento. Ese hueco no se tapa con optimismo de analista sell-side.
Los Chinos No Se Quedaron De Brazos Cruzados
Mientras Nvidia hacía lobby en Washington y Jensen Huang se sacaba fotos sonriente en Pekín, el mercado chino hizo lo que todo mercado hace: se adaptó.
Una avalancha de empresas chinas de chips de IA y modelos de lenguaje salió a bolsa en Hong Kong y en China continental en los últimos meses. Nombres como MiniMax y Moore Threads vieron sus acciones dispararse justo después de los IPOs.
Y no es puro hype. El mismísimo Sam Altman — sí, el tipo de OpenAI — calificó el progreso de las empresas chinas de tecnología como "notable". Dijo que en algunas áreas ya están cerca de la frontera tecnológica.
Kress, de Nvidia, fue más directa con la advertencia:
"Nuestros competidores en China, fortalecidos por IPOs recientes, están progresando y tienen potencial de disrumpir la estructura de la industria global de IA a largo plazo."
Traducido del corporativés: estamos cagados de miedo.
El Factor Precio — Donde La Cosa Se Pone Fea De Verdad
Aquí entra el detalle que el mercado mainstream adora ignorar: las empresas chinas de IA son significativamente más baratas. Sus productos cuestan una fracción de lo que cobran los equivalentes estadounidenses.
Rory Green, economista jefe para China de TS Lombard, lanzó la bomba: "Es fácil imaginar un mundo donde la mayor parte de la población mundial corra sobre un stack tecnológico chino en cinco a diez años."
Cinco a diez años.
Relean eso.
No se trata de quién tiene el chip más potente hoy. Se trata de quién escala más rápido, más barato, y atiende al mundo que no puede pagar US$ 40 mil por un GPU enterprise. India, el Sudeste Asiático, África, América Latina — esa gente no va a esperar a que Nvidia y el Tío Sam resuelvan sus broncas geopolíticas.
Nassim Taleb diría que Nvidia está en un caso clásico de fragilidad: toda la tesis depende de un arreglo geopolítico que ningún CEO controla. Cuando tus ingresos dependen de que dos gobiernos que se detestan se pongan de acuerdo en algo, no tienes una ventaja competitiva — tienes una vulnerabilidad existencial.
La Pregunta Que Nadie Quiere Hacer
El mercado pone precio a Nvidia como si fuera la única iglesia del pueblo. ¿Pero qué pasa si todo el pueblo decide construir sus propios templos?
Los múltiplos estratosféricos de esta acción presuponen dominio global continuo. Presuponen que China siempre va a necesitar comprar. Presuponen que nadie más puede competir.
Cada uno de esos supuestos está siendo puesto a prueba — ahora, en vivo, en tiempo real.
Entonces díganme: ustedes que tienen Nvidia en el portafolio, ¿cuál es su plan B? Porque Nvidia claramente todavía no tiene uno.