¿Se acuerdan de esa escena de El Padrino en la que Michael Corleone abraza a su hermano antes de mandarlo a liquidar? Bueno. Trump hizo exactamente eso con China en el State of the Union más largo de la historia estadounidense.

Habló de todo. Menos del elefante de 18 billones de dólares en la sala.

El martes, el presidente de Estados Unidos subió al estrado de la Cámara y soltó un discurso que cubrió inflación, aranceles, récords bursátiles, Venezuela, supremacía militar — y mencionó a China una sola vez. Y miren: fue solo para decir que la tecnología militar "rusa y china" protegía a Maduro en Venezuela.

Una sola mención. En un discurso récord de duración.

Para quienes recuerdan los tres State of the Union del primer mandato (2017-2021), cuando Trump martillaba "China" como quien clava un clavo en la pared — citando la amenaza de Pekín en cada uno de ellos — el silencio de ahora es ensordecedor.

El juego detrás del silencio

Gabriel Wildau, de Teneo, lo resumió sin rodeos: "Trump no quiere buscar pleito con China en año de elección." Con las midterms de noviembre en el horizonte, la estabilidad en la relación EE.UU.-China se volvió prioridad.

Y aquí viene el punto al que el mercado necesita prestar atención: Trump viaja a Pekín del 31 de marzo al 2 de abril. Será la primera visita de un presidente estadounidense a China desde 2017.

Carajo, piensen en el timing. No vas a insultar al tipo el lunes si necesitas cenar en su casa el miércoles.

Pero no todo es color de rosa en esta danza diplomática. George Chen, de The Asia Group, tiró un balde de agua fría: el Ministerio de Relaciones Exteriores de China todavía no confirmó las fechas exactas de la visita. "Eso hace que Trump parezca más desesperado por visitar China de lo que Xi Jinping quiere recibirlo", dijo Chen.

Lean eso de nuevo. Absórbanlo.

El tipo que se vende como el mayor negociador del planeta está, en la práctica, esperando en la puerta como vendedor de enciclopedias mientras Xi decide si abre o no.

El contexto que importa: aranceles, tierras raras y el caos jurídico

No se puede entender este silencio sin recordar lo que pasó en los últimos meses:

  • En la primavera pasada, EE.UU. y China escalaron los aranceles a más de 100% en los productos del otro. Una locura que solo tiene sentido en el mundo de la teoría de juegos cuando nadie está jugando racionalmente.
  • En octubre, llegaron a una tregua comercial con aranceles por debajo del 50% por un año. ¿Mejoró? Sí. Pero "por debajo del 50%" sigue siendo un golpazo al comercio global.
  • Pekín endureció las restricciones de exportación de tierras raras — esos minerales críticos en los que nadie piensa hasta que los necesita. China domina esa cadena global. Sin tierras raras, buena suerte fabricando chips, baterías y equipamiento militar.

Y para ponerle más picante al asunto: la semana pasada, la Corte Suprema estadounidense tumbó aranceles que Trump había impuesto el año anterior. El presidente corrió al plan B con una base legal alternativa, pero la incertidumbre arancelaria volvió a subir.

Wildau fue quirúrgico: "El State of the Union mostró que Trump cree que glorificar triunfos militares contra Estados débiles como Venezuela rinde más votos que pelearse con China por tierras raras."

Traducido del economés: el espectáculo militar gana elecciones; la guerra comercial le pega al bolsillo del votante.

La respuesta demócrata fue directo al grano

La gobernadora de Virginia, Abigail Spanberger, que dio la réplica demócrata, no perdió tiempo: "Sigue cediendo poder económico y fuerza tecnológica a Rusia, arrodillándose ante China, arrodillándose ante un dictador ruso y haciendo planes de guerra con Irán."

Estén de acuerdo o no con la oposición, es innegable que el contraste es brutal. Biden, con todos sus problemas, mencionaba a China consistentemente — lo que le daba al menos previsibilidad al mercado. Con Trump, como bien dijo Yue Su de la EIU, la política respecto a Pekín es impredecible por diseño.

Lo que el mercado debería estar viendo

El silencio de Trump no es debilidad. Es cálculo. Si cierra un acuerdo en Pekín a principios de abril, vuelve como héroe negociador antes de las midterms. Si no lo cierra, el circo de los aranceles arranca de nuevo — y ahí, amigo mío, agárrense de la volatilidad.

Los medios estatales chinos, en Weibo, prefirieron destacar la oposición interna al discurso de Trump. La atención local al SOTU fue "tibia", según los reportes.

Eso también es cálculo. De ambos lados.

Entonces queda la pregunta: si el mayor showman de la política estadounidense decide no hablar del mayor rival económico del planeta en el mayor escenario político del año — ¿qué exactamente está negociando entre bambalinas que nosotros todavía no sabemos?

Quien tiene skin in the game lo sabe: el silencio, en el póker y en la geopolítica, cuesta más caro que cualquier bluff.